Lección 1- Los Evangelios

El Nuevo Testamento nos revela, pues, no solamente como “venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley”, sino también que, siendo éste rechazado por la nación a la cual fue enviado (Juan 1:11), el reino de Israel fue puesto a un lado por un tiempo y fue establecida la Iglesia para que testificase a todas las naciones. (Hechos 1:6-8)

Debe ser comprendido este hecho importante antes de que pueda entenderse claramente la relación perfecta del Nuevo Testamento con el Antiguo. Debe repetirse que el Antiguo Testamento prometía a Israel un reino terrenal que debía establecerse cuando viniese el Mesías, reino que esperaban siempre los judíos fieles. Jesús era el Mesías aunque ellos no le reconocieron, y vino a establecer Su reino. Nada hay más claro que este hecho, de que vino al mundo como Rey de los Judíos. Era un rey de quien habló el ángel (Lucas 1:32), un rey a quien buscaban los magos (Mateo. 2:1), un rey el que fue rechazado y crucificado (Juan 19:19-22). Más aún, desde el principio de Su ministerio público hasta llegar a un cierto punto, Cristo se ofreció a Su nación como Rey. Al ser finalmente rechazado, cambió el carácter de Sus enseñanzas y comenzó a hablar de “la iglesia” en lugar del “reino”, y a revelar planes para la formación de un cuerpo completamente nuevo.

Aunque el reino esté ahora en suspenso, esto no significa que la iglesia substituye al reino prometido en el Antiguo Testamento. Ambos son muy diferentes y no deben confundirse. El reino será establecido, la iglesia se construye; el reino tiene herederos, la iglesia tiene siervos; el reino será extendido, la iglesia es edificada; el reino será universal y futuro, la iglesia se está seleccionando durante la edad actual; el reino será regido por Cristo, la iglesia reinará con Cristo. 

Después del periodo actual de la iglesia, cuya misión es la de testificar a las naciones (Mat. 28:19; Hech. 1:8), el Nuevo Testamento enseña claramente que el reino será establecido (Hechos 15:14-16). Los Evangelios, y especialmente Mateo, tienen mucho que decir acerca del reino, y cuando llegamos al Apocalipsis pareciera tratar de ese tema casi exclusivamente. Pero a través de las Epístolas, y especialmente en las de Pablo, se le da lugar preferente a la iglesia. Conforme se desarrolla el estudio del Nuevo Testamento, aparecerá la razón de esto. 

La palabra “evangelio” viene del griego y significa “Buenas Nuevas”: Son las buenas nuevas de Jesucristo, el Hijo de Dios (Marcos 1:1). Aunque hay un solo evangelio, hay cuatro escritores de los Evangelios. Según Griffith Thomas: 

Hay cuatro relatos con un solo propósito, y cuatro retratos de una misma Persona, con cuatro métodos de registrar las impresiones recibidas de aquella persona. Puede decirse que Mateo demuestra, Marcos pinta, Lucas declara, Juan describe. Mateo se ocupa de la venida de un Salvador prometido; Marcos, de la venida de un Salvador poderoso; Lucas, de la gracia de un Salvador perfecto; y Juan de la posesión de un Salvador personal. Es probable que un solo evangelio no podría haber manifestado la plenitud y la gloria de la obra y de la persona de nuestro Señor”. Cada uno de los autores de los Evangelios presenta un aspecto diferente del Mesías. Uno escribe de su realeza; otro de su ministerio; un tercero de Su humanidad; el cuarto, de su deidad. En esto completan el cuadro, usando una caracterización cuádruple de los profetas del Antiguo Testamento. 

Mateo: Cristo el Rey”He aquí tu Rey” (Zac. 9:9)

Marcos: Cristo el Siervo “He aquí mi siervo” (Isa. 42:1)

Lucas: Cristo el Hombre “He aquí el varón” (Zac. 6:12) 

Juan: Cristo el Hijo de Dios “He aquí nuestro Dios” (Isaías. 40:9). También hay cuatro pasajes en el Antiguo Testamento que hablan del Mesías venidero como del “Pimpollo” o el “Renuevo” de una manera tal que sugiere el aspecto cuádruple de los escritos de los Evangelios. 

Mateo: “Renuevo justo, y reinará Rey” (Jer. 23:5) Marcos: “Mi siervo el Pimpollo” (Zac. 3:8) Lucas: “El varón cuyo nombre es Pimpollo” (Zac. 6:12) Juan: “El Renuevo de Jehová” (Isa. 4:2) 

Mateo, Marcos y Lucas presentan relatos uniformes o paralelos de la vida y obre de Jesús, y por esta razón se les designa los Evangelios sinópticos. Con la excepción de los eventos de la última semana, Juan escribe poco de lo que se halla en los otros Evangelios. Mientras que los escritores sinópticos dan énfasis a las obras de Cristo, queda para el autor del cuarto Evangelio hacer hincapié en las palabras de Cristo. Aunque los primeros tres citan algunos discursos, su especialidad lo son los milagros y los movimientos de nuestro Señor. Juan menciona solamente ocho de los treinta y seis milagros conocidos, pero de estos, seis no se hallan en ninguna otra parte y cuatro se usan como temas de discursos. 

Los autores sinópticos se ocupan del ministerio de nuestro Señor en Galilea y nos hablan poco de su presencia en Jerusalén, salvo durante la última sena. Por otra parte, los viajes de nuestro Señor a las fiestas en Jerusalén, y Sus mensajes allí, son el tema principal de Juan. En el conjunto de las cuatro narraciones, los autores coinciden en sólo dos lugares, Todos hablan de la milagrosa multiplicación de los panes para alimentar a los cinco mil, y de las experiencias de la última semana. Esto parece indicar que estaban de acuerdo en considerar la crucifixión y la resurrección de Cristo como los hechos más importantes y significativos de Su ministerio. 

Lecturas escogidas: Lucas 1,2; Marcos 1-3; Mateo 13; Marcos 6,6; Mateo 16,17; Lucas 10-17; Marcos 10-12; Mateo 24,25; Lucas 22-24.