Judas

Judas (Judá) era un nombre común entre los judíos. Dos de los apóstoles tenían este nombre: Judas cuyo sobrenombre era Tadeo, y Judas Iscariote (Lucas 6:16, cp. Mat. 10:3). Más el escritor de esta epístola era hermano de Santiago (Jacobo) (1:1) a quien ya hemos identificado como hermano de nuestro Señor. A Judas, juntamente con Santiago, José y Simón se les menciona como hijos de José ( Mar. 6:3) pero, igual que su hermano, su humildad sincera no le permite aludir siquiera a este parentesco con Jesús. Por otra parte, habla de si como “hermano de Santiago”, probablemente para dar peso y autoridad a su carta, ya que el obispo de Jerusalén era mucho más distinguido e influyente que él. 

El propósito de la epístola de Judas se expresa muy claramente (v. 3). Pareciera que haya estado haciendo cuidadosos preparativos para escribir un cuarto evangelio (Juan no había escrito todavía el que lleva su nombre) cuando sintió la necesidad solemne y urgente de advertir a los cristianos acerca de los peligros que amenazaban a la verdad. Ciertos hombres que habían entrado encubiertamente estaban “convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución y negando a Dios y a nuestro Señor Jesucristo”. Por lo tanto, le “ha sido necesario escribiros, amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. 

En los últimos tiempos de la edad apostólica muchos falsos maestros estaban haciendo prosélitos aun dentro de las iglesias, tal como Pablo lo había predicho a los ancianos de Efeso (Hechos 20:30). Al traer discípulos tras si, su única mira era la de aumentar sus propias ganancias, para que tuvieran que gastar en satisfacer sus concupiscencias. Desde el principio, los creyentes, sintiendo un gran afecto hacia sus maestros, habían sido contribuyentes voluntarios y liberales a su sostenimiento. Estos falsos maestros convirtieron todo el cristianismo en creencia especulativa y, Habiendo anulado las obligaciones morales, enseñaban a sus discípulos a vivir en toda clase de disolución. Una de las doctrinas que enseñaban estos falsos maestros corruptos, era la de que Dios era tan bueno que jamás castigaría a los hombres por su pecaminosidad. Para sacar a luz esta impiedad y falsa y para guardar a los creyentes de ser seducidos por ella, Judas escribió su epístola. Demostró con hechos históricos que Dios ya había castigado a los ángeles que pecaron, a pesar de su dignidad, y a los antidiluvianos, a pesar de su gran número. De igual manera castigaría del modo más severo a todos los pecadores voluntarios. 

La enseñanza central de esta carta es pues, el peligro de la apostasía. Primero el escritor define su carácter y característicos y luego procede a dar ilustraciones acerca de su naturaleza. Menciona a Israel, los ángeles, a los de Sodoma, a Caín, a Balaam y a Coré; todos ellos personajes del Antiguo Testamento. La causa de la apostasia de Israel ahora la incredulidad; la de los ángeles; la rebelión; la de sodoma y gomorra, el libertinaje. El pecado de Caín fue el de la justicia propia; el de Balaam, la avaricia; el de coré, la presunción. De esta manera nos muestra que la apostasía es de la voluntad aunque se relaciona con el intelecto. Cuando el hombre convierte la gracia de Dios en lascivia, cuando abusa de la gracia de Dios, está apostatando. Luego de estas ilustraciones de la apostasía nos presenta algunos de su característicos (vv. 12,16,19). Quizá no hay pasaje más fuerte en todo el Nuevo Testamento que este. Leyendo uno comprende lo espantoso de este pecado. 

No hay dos capítulos en el Nuevo Testamento que se parezcan tanto entre sí como este y II Pedro 2, pero es evidente que Pedro escribió algún tiempo antes que Judas, Pedro habla de la apostasía como no desarrollada aún, pero el segundo escritor la halla ya presente. 

Aunque toda Escritura es “útil”, el libro de Judas es particularmente aplicable al tiempo presente. La apostasia de su día era sólo una obra o un tipo de la apostasia a la cual parece haber entrado la iglesia ahora. 

Habiendo comenzado afirmando que los verdaderos creyentes son conservados en Cristo Jesús, Judas concluye con su presentación “delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría”. (v. 24). Así como Pedro presenta el crecimiento en la gracia y en el conocimiento de Cristo mismo antídoto para la apostasía (II Pedro 3:17,18), Judas exhorta a los hermanos a que sigan edificando, orando, amando, esperando y trabajando (vv. 23) Así como Pablo recomienda la sana doctrina como antídoto a la apostasía (I Tim. 4:16; I. Tim. 4:2,3), Judas en su breve epístola, presenta un compendio de la doctrina cristiana. Testifica de las tres personas de la Trinidad (vv. 4 y 20); de la deidad de Cristo (v21); de la existencia y del poder de Satanás (v9); de la existencia de los ángeles y de espíritus (v. 6,7); de la certeza y de lo espantoso de la retribución (vv. 6,7,13), de la segunda venida de Cristo (vv. 14,15).